Hay un trabajo previo antes de abrir una tienda online –todo el que te contamos en este dossier– y un trabajo, diferente, cuando ya contratas al proveedor, apruebas el diseño de la tienda, te llegan los pedidos, te pones a generar tráfico y abres la tienda. Cuando abres la tienda es cuando empieza el verdadero trabajo.
Si quieres que te diga qué he aprendido –además de sufrir como vosotros y a hacer un plan de tesorería–, es esto:
1. Si no tienes el dinero que necesitas para emprender, no emprendas. Si no tuviera esos 31.288 hipotéticos euros en el bolsillo, no me metería en un negocio parecido, ni pediría dinero para montarlo. Otra cosa es que sí dispusiera de esa cantidad... Sólo después pediría dinero.
Si no tienes el dinero necesario, no tiene sentido que emprendas
2. Aunque la inversión online sea menor que las inversiones que se requerían antes para emprender, el comercio electrónico sigue suponiendo un riesgo económico. Es cierto que antes de que existiera el canal de ventas de Internet era impensable –a ver, con matices– emprender un negocio –que no prestar servicios– por menos de 50.000 euros. ¿Un negocio por 35.000 euros? El personaje de Antonio Alcantara nos tildaría de locos. Sin embargo, es igual de arriesgado. Sigue siendo mucho dinero. Que te juegues menos dinero, no quiere decir que no haya dinero en juego. ¿Estás dispuesto a tirar por la borda tu capitalización del paro? Mientras elaboraba este proyecto, recordé un consejo que me dio un profesor de Economía de la UC3M, Alberto Puente, hace unos cuantos años: ¿cuánto obtendrías si lo invirtieras el dinero que vas a dedicar a tu proyecto? 31.288 euros a un interés fijo de 3,950% TAE en un banco sólido: 1.218 euros a 12 meses. Rafa, ¿dónde está ese espíritu emprendedor?
3. Si emprendiera, de verdad, montaría un negocio del que entendiera. Y no me metería a tendero, que es muy respetable, pero es algo para lo que sinceramente no tengo talento. Tengo muy claro que me dedicaría a prestar servicios de las materias que conozco: periodismo, comunicación, docencia, edición...
4. Si tienes que cambiar el modelo de negocio porque te das cuenta de que no te lleva a ninguna parte o que se va a agotar, cambia. No te aferres a una idea. Es lo que los gurús llaman ‘pivotar’ y el resto de los mortales, sentido común.
5. Y si el negocio no es viable, no te empeñes en sacarlo adelante. Al final, el proyecto que he diseñado se quedaría en una tienda para generar un dinero complementario a un sueldo, pero no me daría un sueldo para vivir.