Me explican que si mi producto lo buscan 1.500 personas y me quedo con el 20% de ese mercado, vendería 300 lápices o 300 carcasas al día. Pero que lo busquen 1.500 personas no quiere decir que vayas a tener 300 ventas... Así que, ¿de qué me sirve, de verdad, responder a esa pregunta? El papel no sólo aguanta las cifras, sino cualquier cosa que escribas.
Antes de ponerme a pensar en la estrategia de marketing, estoy a punto de tirar la toalla. Creo que el experimento ya ha funcionado cuando estoy a punto de tirar la toalla... y sigo adelante. En mi caso, flaqueo ante las dudas que todo el mundo me planteaba al hablarles de lo que quiero vender y a qué público.
“¿Niños? ¿Sólo tabletas y accesorios? ¿Cómo vas a llegar a ellos? No les va a interesar”, me decía todo el mundo. Estuve a punto de creérmelo hasta que recordé (tardé varios días, después de volver a valorar otros modelos de negocio y estar a punto de retomar al tema de las correas) que el negocio se iba a apoyar en una estrategia de marketing basada en la generación de contenidos de calidad: recomendación de aplicaciones infantiles para esas tabletas y recomendación de productos (incluso invitando a los lectores que me propusieran traer productos, al estilo: si te interesa comprar este producto, escríbenos...).
Un proyecto ‘social’
“Tienes que apostar por un proyecto muy social y vinculado al niño, o si no, no funcionará. Tiene que convertirse en una tienda que le apetezca compartir a los padres con los hijos a través de propuestas. Hoy os proponemos que os descarguéis esta aplicación para Android que hace esto y lo otro... y entremedio les colocas la funda de estrellitas, el boli diferente...”, me insiste Isabal.
“Tienes que apostar por un proyecto muy social y vinculado al niño, o si no, no funcionará. Tiene que convertirse en una tienda que le apetezca compartir a los padres con los hijos a través de propuestas. Hoy os proponemos que os descarguéis esta aplicación para Android que hace esto y lo otro... y entremedio les colocas la funda de estrellitas, el boli diferente...”, me insiste Isabal.
A la hora de emprender, siempre se dice que si no tienes dinero, necesitas tiempo. Y viceversa. En este caso, para el proyecto que he planteado, no tengo mucho dinero para marketing, así que salvo la parte de marketing digital pura y dura, para el resto sólo voy a invertir tiempo. En este caso, me aprovecho de mi experiencia como periodista y mi trabajo anterior en publicidad.
La idea que tengo, para ser sincero con vosotros, es hacer un GeekDad, el blog de la revista Wired para padres –con hijos– aficionados a la tecnología, en español. No una traducción al castellano, sino un blog con contenidos propios, nada de copiar y pegar. Y mejorándolo, en el sentido de que esos padres se impliquen en la tecnología de sus hijos y centrándome en el tiempo de ocio de padres e hijos. La idea sería generar tráfico y participar en blogs de tiempo libre para padres con hijos –no en el sector de tecnología, que ya está copado y poco puedo aportar–.
Mi marketing se centrará en contneido propio
Con los precios, de puntillas
Al final, no sé si ha quedado claro, decido no competir en precio y poner precios razonables, que no precios bajos. En realidad son precios altos, pero con las condiciones que me marcan los proveedores tienen que ser más elevados de lo que querría para poder mantener la empresa. Además, si es verdad lo que me explican lo expertos en pricing siempre es más fácil arrancar con precios altos y luego bajarlos, que empezar con precios bajos y luego subirlos. Además, tengo muy claro que no quiero dirigirme a clientes que vayan sólo a precio, porque a esos no les voy a retener nunca con mi propuesta de valor. En el caso de los productos que me traigo de Estados Unidos y que trabajan con un PVP mínimo me quedo con ese precio y aprovecho para meterle más margen al producto personalizado, que es con el que, de verdad, gano dinero... siempre, claro, que haya volumen.
Al final, no sé si ha quedado claro, decido no competir en precio y poner precios razonables, que no precios bajos. En realidad son precios altos, pero con las condiciones que me marcan los proveedores tienen que ser más elevados de lo que querría para poder mantener la empresa. Además, si es verdad lo que me explican lo expertos en pricing siempre es más fácil arrancar con precios altos y luego bajarlos, que empezar con precios bajos y luego subirlos. Además, tengo muy claro que no quiero dirigirme a clientes que vayan sólo a precio, porque a esos no les voy a retener nunca con mi propuesta de valor. En el caso de los productos que me traigo de Estados Unidos y que trabajan con un PVP mínimo me quedo con ese precio y aprovecho para meterle más margen al producto personalizado, que es con el que, de verdad, gano dinero... siempre, claro, que haya volumen.
Aviso para navegantes: sólo he podido echar cuentas con los presupuestos que me han enviado. En el mes en el que monté la tienda, sólo conseguí presupuestos reales para la personalización (me sale a 10,89 euros la unidad, incluido el IVA y los gastos de envío), el bolígrafo COSMONAUTA (13,30 euros la unidad), y un ejemplo de carcasa, GLIF (9,50 euros la unidad). Para calcular un precio hipotético de las tabletas he tenido que hacer un ejercicio de economía ficción: he cogido el precio de venta al público del proveedor que me interesa, 199,99 euros, le he aplicado un optimista 10% de margen y, más optimista aún, he pensado que podría negociar con él para que me dejara a unidad a 170,99 euros. De otra forma no me saldrían las cuentas. Ya sólo el IVA que se paga en la aduana y los costes aduaneros me ponen la unidad a 214,55 euros, lo que ya es una pasada de precio si luego quiero competir en el mercado. Menos mal que es un producto de calidad.
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